PAKISTÁN RECONOCE A KOSOVO PONIENDO EN PELIGRO LA PAZ MUNDIAL

El pasado 24 de diciembre de 2012 Pakistán reconoció la independencia del pseudoestado de Kosovo, excusándose en coacciones internacionales por parte de Turquía, Estados Unidos y varias de sus colonias europeas. Una coartada difícil de creer, cuando las presiones de la OTAN desde hace tiempo, para que Pakistán controle a los talibanes en las provincias de Jaiber Pastunjuá y Waziristán (FATA), nunca han surtido el resultado deseado para los atlantistas, salvo en lo que se refiere al permiso velado que Pakistán siempre ha concedido a la Alianza Atlántica para sobrevolar su territorio con drones, aunque luego Islamabad condene públicamente los ataques de los mismos. Después de todo, Pakistán tiene miedo a perder influencia en un Afganistán sunita hanafí pero mayoritariamente iranio, y donde Irán, tradicional enemigo talibán, ha empezado aumentar su peso diplomático con la intención de ralentizar los objetivos de las fuerzas aliadas de ocupación.

En este sentido, aunque exista realmente una ofensiva geopolítica de Turquía en Pakistán que haya favorecido dicho reconocimiento (hay que recordar que el Embajador turco en aquel país va a ser el representante de la “República de Kosovo”), creemos que la resolución pakistaní que admite la independencia de Kosovo, se debe más bien al malestar de sus autoridades por la reciente visita de Vladimir Putin a la India, donde Rusia ha profundizado en las relaciones bilaterales con su tradicional aliado indio, lo que ha llevado a las partes ruso-indias a la firma de un acuerdo militar por valor de 3000 millones de dólares.

En atención a esto, consideramos la acción de Pakistán de reconocer a la “República de Kosovo”, como una decisión carente de lógica, precipitada y peligrosa para la paz mundial. Decisión carente de lógica porque castiga a Serbia por un supuesto malestar diplomático con Rusia por parte del Gobierno de Pakistán. Decisión precipitada porque Pakistán es un país con riesgo de balcanización inminente. Y decisión peligrosa porque Pakistán, a pesar de su inestabilidad interior, es un país con armamento nuclear.

Los evidentes paralelismos entre la antigua Yugoslavia y el actual Pakistán, se justifican al observar que este país asiático es un Estado Federal que desde su independencia de la India de soberanía británica, ha sufrido y mantiene numerosos conflictos secesionistas en su territorio. En 1971, Bangladesh, hasta entonces Pakistán Oriental, consiguió la independencia, con la ayuda de la India, al vencer al Ejército Pakistaní en su “guerra de liberación nacional”. Hoy en día existen fuertes movimientos separatistas en Baluchistán y Sindh (especialmente en el primer Estado) y una disputa territorial con la India por los estados de Cachemira Azad y Gilgit-Baltistán.

Por otro lado, Pakistán, al igual que el Kosovo actual (soberano éste, en parte, de facto pero no de iure), es un Estado que no puede garantizar los derechos fundamentales de las minorías étnicas y religiosas que allí habitan, como puedan ser en el caso pakistaní los cristianos, los chiítas (mayoritarios en el Estado de Gilgit-Baltistán) o los míticos Kalash, que acosados por extremistas islámicos sunitas, las personas que conforman estas comunidades, en numerosas ocasiones pagan con su propia vida. Una situación ésta, la de limpieza étnica, que acompaña a Pakistán desde su misma fundación, cuando millones de budistas, hindúes y sijs fueron perseguidos, asesinados y posteriormente deportados a la India.

Es por ello sorprendente, que ante una realidad tan compleja como la arriba reflejada, los gobernantes de Pakistán hayan sido tan irresponsables a la hora tomar una decisión que no garantiza la estabilidad interna de su país. Apoyar la independencia de Kosovo, que es contraria al derecho internacional, supone validar las ansias secesionistas de territorios pakistaníes que no son precisamente periféricos. Y si los movimientos independentistas siguen creciendo en Pakistán, ello llevará aparejado, con casi total seguridad, la desaparición de ese Estado, quedando sus armas nucleares de destrucción masiva en manos de terroristas. Terroristas que Islamabad, como los talibanes de Peshawar o el Valle del Swat, no sólo se niega a controlar, sino que financia y promueve, como pueda ser el caso de Lashkar e Toiba en la Cachemira india.

En este sentido, podemos asegurar que el peligro para la paz mundial no viene de un Irán nuclear, con una política internacional dentro de los parámetros del sentido común, sino de un Pakistán que ya es nuclear y cuyas decisiones internacionales cada vez cuestan más de entender.

Hace cerca de un lustro, Pakistán, ante la insistencia de la OTAN y EEUU por controlar a los talibanes de su territorio, apostó por un alejamiento de sus relaciones internacionales con occidente y por un acercamiento a Rusia y China (tradicional aliado pakistaní). Dentro de este nuevo contexto internacional se entendieron los posteriores viajes de Sarkozy y Bush II a la India, las tensiones fronterizas entre China e India y los extraños atentados de Bombay.

La concesión a China por parte de Pakistán de la construcción del puerto de Gwadar y la posterior conexión ferroviaria a través del paso de Khunjerab (Karakorum), en la región Gilgit Baltistán (territorio reclamado por la India), fue una gran noticia para el gigante asiático, ya que de materializarse dicho proyecto, este país contaría con nuevas vías comerciales con el centro de Asia y Oriente Medio, así como de un nuevo puerto en el Océano Índico que le serviría para proveerse de recursos sin tener que depender únicamente de Myanmar para salvar el estrecho de Malaca (un peligro para un país que requiere de recursos continuos y en aumento para mantener el fuerte crecimiento anual de su economía). Lógicamente, China, para el éxito de esta inversión en Pakistán, requiere de la estabilidadad de Gilgit Baltistán y del fin de las tensiones con India, así como de la pacificación de Baluchistán y del territorio islamista talibán circundante a Peshawar, que es zona de paso de la citada línea férrea.

La desconcertante determinación de Pakistán de reconocer a la “República de Kosovo” no va ayudar en nada a la consecución de las pretensiones chinas arriba mencionadas, pues además de un previsible auge del separatismo en Baluchistán, la presencia por Pakistán de la República de Turquía, principal financiador del independentismo y el extremismo islámico uigur en el Xinjiang chino, es cuanto menos peligrosa para China si de lo que se trata es de conectar Xinjiang con una de las zonas que, ya de por sí, es de las de mayor actividad islamista del planeta.

Por ello, esta decisión de Pakistán de reconocer a Kosovo, además de haber roto vínculos políticos y económicos con Rusia, podría conllevar un enfriamiento de las relaciones con China, sin que ello suponga una nueva aliniación de Pakistán con la OTAN, en tanto Pakistán se seguirá negando a controlar a los talibanes de su territorio, tanto para no perder influencia en Afganistán en favor de Irán, como para garantizar su estabilidad interna, cada vez más en entredicho por un auge del secesionismo(dotado de fundamento tras la controvertida decisión) y de sus continuas disputas con la democracia más grande del mundo, la India.
 

Miguel Gómez