ALBRIGHT Y CLARK PASAN LA CUENTA A THACI POR EL APOYO DE EEUU

En los Balcanes es un secreto a gritos que, la exsecretaria norteamericana de Estado Madeleine Albright, y su viejo amigo el general Wesley Clark, el exjefe de las tropas de la OTAN durante los bombardeos en Yugoslavia son antiguos amigos y admiradores del actual primer ministro de Kosovo, Hashim Thaci. Incluso hoy día no lamentan haber impartido las ordenes de destruir ciudades y aldeas de Yugoslavia en aras de la “salvación de albaneses kosovares”.

A menudo preguntan a Madeleine Albright lo que sentía cuando en la OTAN tomaron la decisión del inicio de la operación “Fuerza aliada”. Entrevistada por The Huffington Postfue crudamente sincera: “Solo lamento que no iniciáramos antes la operación aérea contra Yugoslavia. Pienso que en marzo de 1999 en todos los aspectos actuamos correctamente”. Y el general en retiro Wesley Clark repite también por doquier, sin una pizca de duda, que los norteamericanos y la OTAN salvaron a los kosovares. “Lo hicimos todo correctamente y no pudo haber otra decisión”. Y no cabía esperar otra tampoco. Antes del comienzo de cualquier operación militar, en el Pentágono y la CIA calcularon de antemano los beneficios obtenidos una vez terminada la aventura. Es importante también que en el poder estén las personas indicadas, que van a combatir por la democracia y, de paso, permitir a sus protectores y defensores de ayer que “elijan la mejor parte de la torta conquistada”.

Serbia invirtió, en cincuenta años, más de diecisiete mil millones de dólares en la infraestructura de Kosovo y de Metoxia. Hashin Thaci y sus acólitos están asimilando, entiéndase aprovechando, todo lo que fue hecho y construido en esos años. “Esto es nuestro, nosotros somos los dueños de Kosovo. Todo lo que existe en territorio kosovar pertenece solo al estado independiente”, es la tesis principal de la dirección de Prístina. Thaci y su equipo invitan a inversionistas de todo el mundo, a quienes estén dispuestos, por sumas pequeñas, a hacerse del control de centros importantes de la industria de Kosovo y de Metoxia. ¿Quién se va a negar a invertir allí donde prometen ganancias siderales? Cualquier empresario va a llegar corriendo a Kosovo con un saco de dinero si le ofrecen tales garantías.

Hashim Thaci es hace tiempo consciente que necesita apresurarse con la privatización. Y es que Belgrado puede, en cualquier momento, exigir aunque sea una parte de sus bienes. Además, Bruselas podría de pronto apoyar las justas demandas de el gobierno serbio. En Pristina hablan en las cuatro esquinas que es hora de, aprovechando los rumores, hacerse de todo, y después que venga el diluvio. Mientras se aclara el asunto el dueño va a ser otro. Y los pleitos en los tribunales internacionales pueden durar décadas.

Los padrinos estadounidenses de Thaci entienden esto perfectamente. Y de ahí que Madeleine Albright y Wesley Clark, opulentos e influyentes jubilados se apresuran a obtener los trozos más suculentos del pastel de la privatización en Kosovo. Clark presentó ya en verano la solicitud para la licencia de las investigaciones de los yacimientos de hulla en Kosovo, cuyas reservas fueron evaluados de la friolera de dieciséis mil millones de toneladas. ¡Nadie tiene más en Europa! El general se disponía a obtener de esa hulla hasta unos cien mil barriles de petróleo sintético al día. Miles de millones de dólares hoy y mañana, lo que alcanzaría no solo para los hijos del general, sino para nietos, biznietos y tataranietos.

No muy a la zaga van la señora Albright, propietaria ya de la empresa IPKONET, la mayor operadora de las comunicaciones celulares en Kosovo. Pero el apetito llega, como se sabe, a la hora de la comida. La exsecretaria de Estado, sabiendo de antemano que Thaci no se atreverá a negarle nada, propuso comprar la empresa de Correos y telecomunicaciones de Kosovo. Ello significa cerca de un millón de abonados de comunicación celular y unos cien mil clientes estacionarios.

Así se confirma que el amor desinteresado no existe. Los norteamericanos ayudaron a Thaci a ser el dueño del inventado estado, promovieron por doquier la “independencia” de la provincia y ahora pueden recibir la recompensa. Difícilmente Albright y Clark resultarán perdedores en las licitaciones. Es cierto que en Prístina tratarán de presentar concursos limpios, invitarán a más de alguien que desee tentar suerte. Pero, ese no será más que un espectáculo burdo, en el que de antemano son ya conocidos los ganadores. Las guerras comienzan por los negocios. Hoy día, muchos economistas de renombre no hacen un secreto de que, para que el dólar estadounidense siga dominando el mundo es necesario alentar continuamente conflictos bélicos. Sin ello, el gigantesco portaaviones denominado Estados Unidos de América simplemente se irá a pique.

Fuente: La voz de Rusia